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Fraude en los Seguro

A través de un contrato de seguro, usted traslada a otro (el asegurador) el riesgo de que ocurra un evento que le pueda representar un menoscabo patrimonial. Esto lo hace, a cambio de una suma de dinero, es decir que, en caso de suceder un determinado evento, el costo del mismo lo soportará una aseguradora y no usted. Entonces vale preguntarse, ¿Por qué alguien habría de asumir el riesgo patrimonial de otro, por una pequeña fracción de lo que costaría ese evento?, la respuesta variará según la responda un actuario, un matemático o un financiero, sin embargo, al final se resume en el análisis de las probabilidades de que dicho evento ocurra o no y a un elemento esencial del contrato de seguros, que es la aleatoriedad, es decir si el evento sucede tengo que pagar, pero si no sucede, me quedo con la prima.

El seguro, entre muchas otras características como la ubérrima buena fe, requiere de la aleatoriedad como elemento gravitacional de la relación entre las partes, es decir que el evento cubierto puede o no suceder sin que en ello haya la intervención intencional de la persona que se hace asegurar.  De hecho, fiel a este principio a nivel de regulación del contrato de seguros, el Código de Comercio exige a todo asegurado actuar como si no tuviese seguro, es decir emplear la diligencia estándar que uno emplearía si el costo del daño de la cosa asegurada lo pagase uno y no una aseguradora, ya sea para evitar el siniestro o para disminuir los daños, imponiéndole sanciones pecuniarias, en caso de no hacerlo. 

En adición, el seguro es indemnizatorio, es decir busca colocar al asegurado en la situación que se encontraba antes de ocurrido el evento para el cual se aseguró, y no permite en su naturaleza, que la persona obtenga un provecho indebido, más allá de la indemnización. 

Por esta razón el legislador decidió ir un poco más allá y sancionar penalmente a quienes de manera dolosa atenten contra la explicada aleatoriedad buscando obtener un provecho indebido, considerándolo un fraude de seguros.  Así, indica el artículo 222 del Código Penal al establecer que toda persona que con el propósito de procurarse o procurar a un tercero el cobro indebido de un seguro u otro provecho ilegal, destruya, dañe o haga desaparecer una cosa asegurada, será sancionado con prisión de dos a seis años.

Como se puede observar, los verbos rectores contemplados en el artículo 222 son destruir, dañar o desaparecer una cosa asegurada, cuando ello se haga con la intención de cobrar un seguro o lograr que un tercero cobre un seguro indebidamente.

Luego indica el artículo 222 del Código Penal que igual sanción le será aplicada al asegurado que igual con la finalidad de cobrar un seguro indebidamente, se produzca una lesión o agrave intencionalmente las consecuencias de una lesión producida por cualquier causa.

Como se puede observar, el Código Penal busca evitar que el propio asegurado genere un evento dañoso sobre la cosa asegurada, con lo cual se atentaría directamente, no solo a la aleatoriedad explicada, sino contra el principio de ubérrima buena fe que debe regir la relación de las partes, evitando que se generen asimetrías artificiales en los cálculos de probabilidad de ocurrencia de siniestros, generando pérdidas a las aseguradoras. 

Conductas similares, si bien pueden considerarse fraude de seguros, no son sancionadas penalmente, sino de manera contractual y/o legal como es el caso de la omisión de información o la entrega de información engañosa para la obtención de un seguro que tiene consecuencias civiles y de posible nulidad del contrato, no obstante, el legislador ha querido sancionar con prisión la intención dolosa de querer engañar al asegurador, destruyendo o desapareciendo un bien. Existen precedentes interesantes de condenas penales a personas que han cometido fraude de seguros. 

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