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El beneficiario en las pólizas de vida

El Código de Comercio de la República de Panamá tan solo dedica diez de sus artículos, a un seguro tan importante como lo es el de vida.

Este tipo de seguro es de gran importancia, pues ofrece protección financiera a quienes dependen de nosotros, especialmente después de nuestro fallecimiento. Uno de los elementos fundamentales del seguro de vida, por no decir que el principal y la razón de ser del mismo, lo constituye el beneficiario, por ser la persona que, como lo dice su nombre, está llamado a recibir los beneficios de la póliza en caso de que ocurra el evento asegurado. 

El artículo 1048 del Código de Comercio nos dice que “El seguro se pagará a la persona en cuyo beneficio se estipula, o a sus herederos o a sus representantes legales”. Aunque el código no lo llama por su nombre, esta persona lo es precisamente el beneficiario.

Habida cuenta de lo anterior, es de extrema importancia que el asegurado se asegure de que en todo momento exista un beneficiario designado en su póliza, ya que, en caso de no existir, esta deficiencia puede acarrearle problemas al no poder determinar el asegurador a quién debe pagar la suma a indemnizar.

Al nombrar el beneficiario, el asegurado debe ser muy claro y sobre todo específico en lo que respecta a la identificación del mismo.  Debe usarse en todo momento el nombre completo y, de ser posible, el documento de identidad de aquellos que se designen.  Se debe evitar a toda costa designaciones genéricas tales como “designo a mis esposa e hijos como beneficiarios”, sin expresar el nombre de estos.

Hace ya varios años, nuestra firma conoció de un caso en el que el asegurado designó al momento de contratar la póliza, a su “esposa e hijas” como sus beneficiarias.  A la postre, el asegurado se divorcia y contrae nuevas nupcias con la que sería su segunda esposa, quien tenía ya dos hijas de un matrimonio anterior.  Al fallecer, las hijas del asegurado originalmente designadas por este, reclamaron a la aseguradora el pago de la indemnización, a lo que la esposa e hijas de su segundo matrimonio se opusieron.  Las hijas del asegurado (primer matrimonio) alegaron que ellas eran las hijas del asegurado fallecido, y que al momento de contratar la póliza, la segunda esposa y las hijas de esta no estaban en la vida de su padre y por ende debían pagarlepagarles el seguro a ellas.  Por su parte, la segunda esposa y las hijas de esta reclamaron que, al momento de la muerte del asegurado, ella era la esposa legal y que al incluirse la expresión “esposa e hijas” se debía pagar la indemnización a quien era la esposa al momento del fallecimiento del asegurado y a las hijas de esta, por así haberlo determinado su finado esposo.  El tribunal falló a favor de estas últimas.

Visto lo anterior, es de suma importancia que el asegurado se tome el tiempo necesario en la designación de sus beneficiarios; que los designe por su nombre y apellidos completos y no por su grado de parentesco o afinidad.  De igual forma deberá revisar la designación periódicamente para comprobar que la situación que le hizo designarlos, se mantiene actualizada.

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